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30 de Julio de 2010
Arrestos durante manifestaciones en Phoenix

30 de Julio de 2010
El primer día de la Ley SB1070 en imágenes

Policías se movilizaron por las calles de Phoenix para mantener la calma ante las manifestaciones provocadas por la entrada en vigor de la Ley SB 1070 (aplicada de forma parcial).

Gabriela Frías tomó esta foto de la conferencia de prensa que ofreció el Sheriff del condado de Maricopa Joe Arpaio. En este condado se concentra la zona metropolitana de Phoenix y ciudades aledañas. El mensaje en el camión que se encuentra atrás de Arpaio llamó la atención de la periodista: Ayuda al Sheriff Joe Arpaio a luchar contra la inmigración ilegal y el tráfico (de humanos). Llámanos con información o pistas de inmigrantes indocumentados.

Taha Hassan llegó de San Diego, California y al ver a la periodista Gabriela Frías le dijo “mira soy un musulmán que apoya la causa hispana”.

“Yo no crucé la frontera, la frontera me cruzó a mí”, dice el cartel que sostiene un manifestante afuera del Capitolio en Phoenix, Arizona.

29 de Julio de 2010
Una mañana tranquila en Arizona

Foto: EFE

Hoy entran en vigor algunas secciones de la Ley SB1070 en Arizona. Al respecto, el periodista Juan Carlos López comenta en su cuenta de Twitter: “Phoenix en calma en primer dia de 1070 “light” otras leyes entran en vigencia: prohiben clones de humanos y animales (en serio)”.

29 de Julio de 2010
Una ley debilitada entra en vigor

28 de Julio de 2010
Los momentos previos a la decisión

Minutos antes de que se diera a conocer la decisión de la jueza federal Susan Bolton acerca de la Ley SB1070, Juan Carlos López tomó esta foto de grupos a favor y en contra de dicha medida, afuera del Capitolio en Phoenix, Arizona.

Tras conocer los bloqueos a la ley, los “opositores cantan victoria”, comentó el periodista en su cuenta de Twitter.

28 de Julio de 2010
Trabajadores en la frontera están a favor de la Ley SB1070

Por: Gabriela Frías

“Por tu cara de nopal, te sospechan de ilegal”.

Es el mensaje que colocó el grupo de danzantes que se apostaron en una de las avenidas de Nogales, Arizona, bailando y siguiendo la dirección del bailarín principal: Arturo Cuauhtémoc, un maestro de matemáticas que llegó hace décadas a Estados Unidos desde Morelia, Michoacán. Son siete en total y llevan el atuendo de los danzantes prehispánicos. Pocas personas se detienen a leer las pancartas y a mirarlos.

Se apostaron en una esquina estratégica, en una avenida principal. De vez en cuando se detienen y Arturo grita: “¡No! No a la SB1070“, y luego en inglés: “También hablamos inglés raza”

Es el mayor en este grupo de jóvenes que decidieron servir de voluntarios para participar en esta forma de expresión. Van de puerta en puerta para convencer a los residentes de esta pequeña ciudad de unos 15 mil a 18 mil habitantes, que deben hacerse escuchar.

Fueron nuestro descubrimiento del día. Los escuchamos mientras grabamos nuestro reportaje en una pequeña terminal de minibuses, a una cuadra. Se trata de un servicio de transporte colectivo, con clientes hispanos que conectan entre Tucson, Phoenix y Nogales. Muchos viajan a México para pasar tiempo con sus familias… desde allá vienen mexicanos a comprar. Dicen que la ropa es mucho más barata de este lado.

Conocimos a Ramona, una mujer que vive en Hermosillo y estuvo una semana de viaje, visitando amigos. Nos cuenta que regresa ya desde Tucsón. Viene cargada de bolsas, dice que gastó unos 200 dólares, entre cobijas y zapatos. Está preocupada de que entrará en vigor una ley que discriminará a personas como ella: “Yo vengo y gasto más de 200 dólares cada quince días, a ellos les conviene y todos sabemos que sí discriminarán por como nos vemos”.  Ramona salió de la terminal caminando hacia la garita número dos, está a menos de cinco minutos y no hay que cruzar más que una pequeña calle para estar ‘del otro lado’.

Ramona pagó su cuota por este viaje: 11 dólares por viaje sencillo. Son únas cinco compañías que manejan cerca de 55 unidades. Hacen unos tres viajes diarios. Algunas son de un sólo propietario. Entre los dueños hay sinaloenses, sonorenses, y ciudadanos americanos. Todos nos cuentan que sus camionetas, con cupo para unas 12 personas vienen 40 por ciento vacías. Dicen que primero fue por la recesión, y luego por la Ley SB1070 Escuchan a sus pasajeros hablar de la ley con muchas preguntas.

Osvaldo Cota, de Huatabampo, Sonora es el más apasionado de todos. Él dice que está molesto que los mexicanos se ofendan de que los discriminan en Estados Unidos, cuando en su propio país hay discriminación. Me dice que donde quiera que ha viajado en México, ha visto el racismo. Que nada tienen que decir en México sobre el racismo y menos a su vecino del norte.

Martín Delgadillo, uno de los operadores del Premier Shuttle, me dice que él y Osvaldo, entre otros más en el grupo, están de acuerdo con la ley 1070 porque detendrá la inmigración ilegal. Dicen que han visto cómo en esta zona del estado muchas personas perdieron su empleo, primero por la recesión, y luego cuando las empresas comenzaron a contratar a trabajadores ilegales que aceptaban la paga más baja. Así perdió su empleo la esposa de Martin. “Se necesitan leyes para castigar a los infractores porque sus ‘papeles fraudulentos’ afectan a los residentes”, comenta.

Le gusta más Estados Unidos: “Aquí no batallas nunca con nada. Pagamos agua y tenemos agua; en México pagas por agua y a veces no hay; queremos teléfonos y no en todas partes hay teléfono; y la corrupción no éstá como en México”, explica Martín.

Se ve molesto.  Y sí, me confirma que está molesto con México porque es el gobierno de ese país el culpable de que se les maltrate en Estados Unidos, porque no tratan bien a su gente en su país, porque no les ofrecen oportunidades, no los protegen, y los mexicanos “huyen” para buscar tranquilidad. Está molesto porque dice que el gobierno es corresponsable de que en Estados Unidos los exploten.

27 de Julio de 2010
Tocando la cerca metálica

Gabriela Frías y Juan Carlos López estuvieron en la valla metálica que divide a México y Estados Unidos, a la altura de Nogales, Arizona.  Ambos coinciden en que hay mucha gente en contra de la Ley SB1070, pero también muchos a favor. “Y eso que sólo he hablado con Latinos”, comenta Juan Carlos en su perfil de Twitter.

27 de Julio de 2010
El costo de ser indocumentada

Por: Gabriela Frías

Llegamos a Vado, un barrio a las afueras de Las Cruces, Nuevo México rodeado de campos de cultivo: maíz y chile.

Se ven pocas personas. Ayer llovió torrencialmente y con las inundaciones se nos escapó la oportundidad de charlar con algunos trabajadores agrícolas. Tuvimos tiempo de bajarnos a tomar una muestra de las verduras que aquí se cosechan, antes de llegar a la casa de Rosa.

Ya nos esperaba. Una casa sobre caminos sin pavimentar, en un vecindario donde se asomaban muchos pares de ojos por las ventanas. Rosa nos recibió junto con dos chicos que estaba cuidando: José y León. Los niños se entretenían con su balón. Su madre trabaja cuidando a un anciano en el centro de Las Cruces. A su padre no lo ven desde hace un año, cuando lo deportaron a Ciudad Juárez: “lo atraparon”.

Rosa vive en Estados Unidos desde hace más de diez años. Llegó como trabajadora agrícola y al paso del tiempo, su patrón le ayudó a conseguir papeles. Ahora, además, funge como líder del grupo Vecinos Unidos de Vado, una organización que hace parte de otra organización: El Concilio Comunitario de las Colonias.

Rosa organiza sesiones informativas para hablar con las familias de su vecindario sobre inmigración: sus derechos y los procedimientos cuando se encuentran con un representante de la patrulla fronteriza.

Ya listos con cámara y cuaderno en mano, entra a su casa para avisarle a Carmen de nuestra llegada.

Nos autoriza a usar su nombre, a mostrar su cara, pero no nos quiere dar su apellido.

Los primeros cruces

“Me acuerdo cuando costaba dos dólares”, me relata. Eran los tiempos de su vida en Tlahualillo, Durango, donde la cosecha de melón y sandía abría oportunidades para viajar, trabajar y regresar. Dice que no había mucho por hacer en Durango y tampoco otros trabajos para ella.

Ahora cuesta unos 3 mil 500 dólares cruzar; hasta tres mil 800, le cuento yo de lo que pagan otros viajeros por el servicio desde Georgia.

En uno de esos cruces, conoció al hombre de su vida, se casó y se mudó a El Paso.

Ya tiene cinco hijos, y tres nietos. Su marido pudo legalizar la situación de casi todos, con excepción de ella y uno de sus hijos.

Carmen sabe por qué.

Fue deportada en uno de sus intentos por regresar a Durango, ante una emergencia médica de su madre. ”Yo soy la mayor y me necesitaban”.

La deportaron a Ciudad Juárez… y en cuanto pudo regresar a Estados Unidos, cruzó nuevamente, con un grupo de personas. Esa vez pagó unos 600 dólares.

Dice que “está castigada” por diez años. No se puede regularizar y su marido poco puede hacer por ella. Lo que le queda es esconderse de las patrullas que hacen sus rondas por Vado.

Carmen dice que no hacen nada malo aquí, ni ella, ni los vecinos de Vado. Solo trabajan. Las Cruces, durante muchos años fue el destino predilecto para jubilados, y muchos residentes en esta comunidad ofrecen sus servicios de asistencia. Sabe de la ley de Arizona, les han informado sobre el tema, pero dice que le suena muy similar a lo que ya viven aquí.

Carmen está segura que no ‘podrán deportar a tantas personas sin documentos, solo a los que se dejen ver cometiendo una infracción, como conducir a exceso de velocidad, como dice que le ha pasado a personas que conocía. Pero la tragedia de la deportación es que muchos de los indocumentados no conocen a nadie en México. “Están haciendo mucho daño a las familias, pero sobre todo a los niños”.

Por ahora le queda cuidar a sus nietos, visitar a Rosa, apoyar a otras familias que están en situación similar.

Se resigna porque no entregará a su hijo este sábado en una boda, pero sí deja ver su tristeza. Es la única de su familia que no estará presente…”es mi hijo mayor, me dice en voz baja y con lágrimas en los ojos”.

25 de Julio de 2010
Julio migrante: entre una mejor vida y la violencia

Por: Gabriela Frías

Abordamos el vuelo 5299 de Atlanta a El Paso. Junto con nosotros viaja Julio, originario de Ciudad Juárez, que viene de regreso desde Tampa, Florida. Ahí vivió con otros cinco compañeros durante el último mes. Viajó a trabajar (como lo hace varias veces al año) en la industria de la construcción.

Eran seis en total. Entre todos arrendaron una casa, y se repartieron los gastos de recibos y de comida. Treinta dólares por cabeza.

Se levantaban antes del amanecer para irse a trabajar juntos, unas 12 horas, seis días a la semana. Al término de la jornada, regresaban, preparaban la cena y conversaban un poco antes de ir a dormir.

Este año Julio viajó en camión desde Ciudad Juárez porque no tenía para viajar en avión. Tardó unas 50 horas, pero valió la pena porque a la semana pudo ganar hasta 450 dólares. Una parte para enviarla a su esposa y sus dos hijos en Ciudad Juárez, y otra para comprar lo que le hacía falta.

Entró con visa de turista a Estados Unidos, la puede usar durante seis meses. Sus amigos viven en Florida, y no tienen papeles. Por eso,  todas las tardes al terminar su jornada, regresaban en la troca a la casa rentada. Sólo salían a comprar comida.

Julio no conoce el mar de la Florida. Sus amigos no quieren salir. ”Ellos tienen miedo de salir y que los deporten”, comenta.

Cuando habla de la ley de Arizona, o de la posibilidad que los indocumentados no puedan rentar propiedades, como escuchó en la televisión, dice que no entiende: ”Yo no se cómo le van a hacer… todo el mundo sabe que las cosas funcionan así, desde hace mucho, ¿qué le van a hacer ahora, trabajar bajo el rayo del sol como nosotros hacemos por lo que nos pagan?”

En Estados Unidos, Julio gana en una semana más del doble de lo que gana como electricista en la Universidad Autónoma de Ciudad Juarez. Su abuelo fue guardia de seguridad y él lo recomendó para el empleo. También estudia inglés y lo practica cada que puede. Le gusta hacer essays y que le hablen en inglés.

Reconoce que siente la tentación de mudar a su familia a Estados Unidos, aunque no tengan papeles; su esposa está de acuerdo. Pero sabe que perdería las becas para sus hijos, y pronto uno de ellos irá a la universidad.

“Se ha puesto muy feo”

Pero no sólo es por dinero.

Sus amigos, sus compañors de trabajo, su familia, conocen a una persona que ha sido afectada por la violencia resultado de la guerra entre los cárteles de la droga y las pandillas que les ofrecen sus servicios. Todos hablan de ellos: La Línea, Los Aztecas, los Artistas Asesinos.

“Juárez está muy feo. Se ha puesto muy feo”, dice Julio acerca de todo lo ocurrido en los últimos dos años.

Ha visto cuerpos sin vida en las calles y niños acercándose para mirar los casquillos de las balas en el piso junto a los cadáveres. Conoció a varios profesores de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez que fueron asesinados. Uno de ellos, Alonso Martínez, jugaba en el mismo equipo de futbol con él.  ”Dicen que le quisieron quitar su auto y que se opuso”, explica Julio.

Sabe que su ciudad es más violenta que Iraq.

Me cuenta que las casas que construyó el Infonavit para los trabajadores de la industria maquiladora se vacían rápidamente. Muchos regresan a sus estados: Veracruz, Tamaulipas; otros a El Salvador.

“Es curioso, hace un año, con el ejército, sentimos alivio. Luego llegó la Policía Federal y los vemos en sus unidades patrullando. Con tantos policías y siguen las muertes, los asesinatos, es un contraste muy raro”, me comenta Julio.

Me cuenta también que ha visto personas ofreciendo droga en lugares públicos, mientras sale de paseo con sus hijos. Que ha buscado a la policía para dar aviso, sin que su alerta cambie la situación. Que le dicen que mejor no se meta.

Julio asegura que no cayó nunca en las drogas, pero su hermano mayor sí  y se rehabilitó. Ahora trabaja como chofer en una tienda de electrodomésticos, pero la paga no es tan buena como lo que ofrecen por “otros servicios, y no hay muchos empleos”.

Julio no sale por la noche. Quitó los vidrios polarizados de su auto por miedo: “no quiero que vayan a pensar, cuando voy con mi familia, que somos de ellos y nos disparen”.

No compra un auto nuevo porque dice que se lo van a quitar, a punta de pistola, como le pasó a otros vecinos. ”La troca que tiene mi amigo en Tampa, esa ni pensar tenerla aquí. Me la quitan”.

Antes de viajar a Florida, Julio se enteró de la muerte de un compañero de su escuela primaria, Mauro. Tenía una pizzería pequeña, que él atendía. Contrató un ayudante y compró una motocicleta para hacer las entregas.

Un grupo de jóvenes se presentaron en su local pidiéndole una cuota para permitirle operar. Mauro se negó.

“Hasta las tortillerías están amenazadas si no pagan una cuota mensual o semanal. Tener un negocio es peligroso. No hay quién defienda”. Me dice que hoy día es mejor ser empleado que tener un negocio.

Algunos estudios hablan de hasta 5 mil negocios que han cerrado sus puertas desde 2006 por efecto de la violencia. Pero el alcalde de Juárez, José Reyes Ferriz dice que es difícil determinar cuántos cerraron realmente por este motivo o por la crisis económica que se desató en 2008.

Otros dan cuenta de un éxodo de 400 mil personas. El alcalde de ciudad Juárez dice que hay muchas cifras que exageran la dimensión de esta situación, pero reconoce que centenares sí han salido de la ciudad.

Julio dice que Reyes Ferriz, quien llegó al poder en 2007, es buena gente, pero “le tocó feo, le falta mano dura”.

A su llegada a la alcaldía, Reyes Ferriz emprendió un esfuerzo de limpieza entre los miembros de la policía local. Miles de elementos fueron despedidos.

Pero la violencia se intensificó en 2008, cuando el cártel de Sinaloa lanzó su ofensiva contra el de Juárez, para tomar control de la frontera. Más de 5 mil 600 personas han sido asesinadas.

En octubre Reyes Ferriz terminará su mandato, y regresará el empresario Héctor Murguía Lardizábal, alcalde de Juárez de 2004 a 2007.

Julio recuerda al “Teto” Murguía (así le gusta que le digan, me cuenta). No está seguro de lo que le depara a Juárez con el nuevo alcalde, pero si las cosas se ponen peor, no le importaría dejar su empleo y llevar a su familia a otra parte.

Hemos aterrizado. A Julio ya lo espera un amigo suyo, que dejó Juárez y ahora vive en El Paso con su esposa y su hijo.

Antes de despedirnos, los tres nos dicen: ”Si van a Juárez, tengan cuidado”.

24 de Julio de 2010
“Está muy feo allá”

El Paso, Texas

La periodista Gabriela Frías tomó esta foto a su llegada a El Paso, Texas hace unas horas. En esa ciudad fronteriza platicó con algunas personas originarias de Ciudad Júarez, quienes coincidieron que en El Paso “no hay comparación con la intranquilidad de Ciudad Júarez”. Otros agregaron que “está muy feo allá”.

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