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Paula Hancocks
Tiene 23 años. Es activista. Se encuentra en la Franja de Gaza e intenta detener el paso de una excavadora parándose frente a ella.
Rachel Corrie, junto con sus colegas del Movimiento Internacional de Solidaridad, viajó en 2003 a la ciudad de Rafah, cerca de la frontera con Egipto, para impedir que el gobierno de Israel derribara más casas.
Pero su activismo le costó la vida.
Han pasado siete años y sus padres, Craig y Cindy Corrie, desconocen qué provocó que esas grandes máquinas no detuvieran su paso.
Algunos de los amigos de Rachel que estuvieron allí también se lo preguntan, porque aseguran que las excavadoras se acercaban, les aventaban tierra pero no pasaba más.
Después de tanto tiempo, este miércoles la justicia se acerca un poco más a la verdad.

Craig y Cindy no creen la versión oficial de que “el soldado que manejaba la excavadora no vio ni escuchó a la señorita Corrie, que estaba detrás de un montículo”.
Los papás de Rachel se sienten orgullosos de lo que hizo su hija, recordando lo importante que fue para ella ayudar a las familias palestinas en Gaza.
Saben que han pasado siete años y que todavía les será difícil conocer la verdad de lo que pasó. No quieren llevar al soldado que manejaba la máquina a la Corte ni lo quieren ver en prisión.
“No lo odio, pero fue un acto horrendo matar a mi hija, y espero que entienda eso”, dijo Cindy.











