
Foto: EFE
Mauricio Torres
Sed, desolación, tristeza. Eso provoca esta imagen de la localidad de Pingba, situada en la provincia de Guizhou, en el sur de China.
Las autoridades dicen que la una sequía inusual en Guizhou y Yunnan ha dejado a 7.5 millones de habitantes sin agua potable, un problema que aqueja no sólo a esta región del país asiático sino que se extiende en los cinco continentes.
Naciones Unidas ha alertado que para 2017 alrededor de 70% de la población mundial —4,500 millones de personas— enfrentará dificultades para acceder al agua potable. A ese horizonte nos han conducido la explosión demográfica, el crecimiento de las ciudades, la explotación desmedida de recursos naturales y la contaminación. En resumen, las manos del ser humano. Nuestras manos.
Aceptar nuestra responsabilidad en el deterioro ambiental es el primer requisito para comenzar a detenerlo. Entender que la vida no prospera donde no hay agua y actuar para cuidarla son los pasos siguientes para luchar por nuestra propia supervivencia.











