
Foto: Reuters
Jennifer Juárez
Siete concursantes encerrados en un hotel sin contacto con el exterior y vigilados por las cámaras de televisión. Sí, se trata de un reality show, pero con un reto muy particular: demostrar ser un musulmán modelo. Miles de malayos se presentaron a las audiciones del programa Joven imán, que otorgará al ganador una beca de estudios religiosos en la prestigiosa Universidad Al-Madinah de Arabia Saudí, un puesto como imán en la mezquita de Kuala Lumpur, en el oeste de Malasia, y un viaje todo pagado a la Meca, lugar de peregrinaje para los practicantes del islam.
Se trata de la primera vez que un concurso premia con un cargo como imán. Para ello, los participantes tendrán que demostrar sus conocimientos de su religión. ¿Entre los retos? Celebrar un ritual funeral islámico. Para ello, cerrarán los ojos del fallecido, lo lavarán con agua pura, lo cubrirán con una sábana blanca y limpia y lo transportarán en un ataúd hacia un lugar de oración. En dos meses, sólo uno de estos jóvenes alcanzará la fama religiosa.



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