
Foto: Reuters
Mauricio Torres
Pocas imágenes tan hermosas como la sonrisa de un niño, que conmueve por su inocencia y convence por su sinceridad.
Cautiva también porque evoca nuestra infancia, aquel tiempo en el que hacíamos travesuras, comíamos golosinas, corríamos por las calles, trepábamos árboles y jugábamos con tierra.
En aquella etapa participábamos sin reparos de las tradiciones populares, como lo hacen estos pequeños durante las “mojaderas” o “culecos” del primer día del carnaval de Panamá. Brincan, chapotean, se divierten, disfrutan el agua y nos regalan su alegría.
El cubano José Martí decía que “los niños son la esperanza del mundo”. De cara a tiempos complicados, la sonrisa de un niño es una motivación para tomar fuerzas y resolver los problemas que nos aquejan. Es un recordatorio de que si ellos son la esperanza para el futuro, nosotros debemos ser su esperanza en el presente.
Es, a la vez, un aliciente y una señal de la obligación que tenemos de construirles un mundo mejor.



A kien es responsable de narrar esto escrito. lo felicito. eres estupendo!!!!! que bonito escribes. sigue adelante.