
Foto: EFE
Hace unos días, en Shangai, China, se inauguró un bar que se llama Obama.
Al parecer, la fascinación por este político se ha extendido hasta el territorio del mayor rival económico de Estados Unidos, el país gobernado por Barack Obama.
Esta fascinación —que prácticamente es planetaria— no sólo ha tenido impacto en los espacios destinados a la diversión, sino en los del arte.
Un pintor, cuya identidad no ha sido revelada, retrató al presidente de Estados Unidos a la usanza de la cultura china. El artista maquilló el rostro de Obama como lo hacen los artistas de la Ópera de Pekín, nombre que se le da a una de las mayores expresiones de arte de este país.
El espectador común verá en estos retratos la combinación de los colores de la bandera de Estados Unidos con trazados cuidadosos. Pero para aquellos que saben interpretar el significado de estos colores quedará claro la percepción que el artista tiene de Obama.
En el maquillaje de la Ópera de Pekín el rojo es símbolo de fidelidad y valentía, el azul representa la audacia, y el negro la malicia y la astucia.
El resultado: un Obama con un bello maquillaje en el exterior, pero con una simbología opuesta en el colorido sobre su rostro.
¿Será que para algunos es un líder capaz de superar las problemáticas de su país y del mundo? ¿Que representa a la esperanza y la promesa de un futuro mejor? Puede ser.
Seguramente habrá otros que perciban todo lo contrario, o que, siendo más realistas, no encuentren en él a un súper héroe, sino a un ser humano como cualquier otro.




