17 de Julio de 2010
Trazos sobre la pared

Foto: AFP

Mauricio Torres

Algunos lo consideran un arte. Otros, un delito contra los espacios públicos o la propiedad privada. Unos más únicamente ven en él rayones sobre una pared.

Desde hace décadas, el grafiti es un elemento presente en las ciudades de todo el mundo. Aunque el término proviene del italiano y se refiere a la marca o inscripción hecha sobre un muro, quienes lo han estudiado señalan que su nacimiento como expresión moderna ocurrió en la década de 1960 en Estados Unidos, particularmente en Nueva York.

Los seguidores de la música hip-hop lo tomaron como un medio para plasmar su identidad y manifestar sus ideas políticas o sociales, que con el tiempo se difundió por el planeta.

Se caracteriza por su espíritu de protesta. Celtic, un grafitero que relata su testimonio en el sitio www.graffiti.org, explica que la mayoría de los personajes de estas obras lucen molestos porque reflejan el descontento de quien lo ejerce.

También se distingue por su afán de llamar la atención y, en ese sentido, puede transgredir el orden y caer en la ilegalidad si afecta las propiedades de terceros. Kairos, otro grafitero, dice que el grafiti es ilegal en casi todos los países, aunque en algunos como México y Estados Unidos existen bardas legales donde quienes lo practican pueden expresarse, mientras en otros como Australia es un deporte fomentado por las empresas.

Nos guste o no, el grafiti es parte de nuestras ciudades, una imagen que les da vida. Por ello, antes de ensalzarlos o satanizarlos, conviene tratar de entenderlos, de pensar qué nos dicen de nuestras sociedades. Es probable que estas obras nos muestren mucho de la época que vivimos.

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01 de Junio de 2010
Una ciudad fuera de órbita

 

 

Foto 1 (2010): Archivo de Segismundo Engelking

Foto 2 (1957): Cortesía del libro ‘Las Torres de Satélite’ / Fundación ICA

Israel León Fájer

(OBRAS) El proyecto de Ciudad Satélite rompió con los parámetros de urbanismo establecidos en el Distrito Federal, su centro de población vecino. A cinco décadas de su creación, el objetivo urbanístico quedó sólo como un gran anhelo.

El proyecto surgió del taller de urbanismo de Mario Pani y fue dirigido por José Luis Cuevas, en el contexto de modernización impulsado por el entonces presidente, Miguel Alemán.

Se ubicó en Naucalpan, Estado de México, por el bajo costo por metro cuadrado que tenían los terrenos.

“Este desarrollo urbano sentó las bases teóricas para el urbanismo moderno mexicano en el siglo XX”, menciona Xavier Cortés Rocha, en el libro Las Torres de Satélite (Ayuntamiento de Naucalpan de Juárez, 2009).

El trazo de Ciudad Satélite, fundada en 1957, incorporó los sistemas de solución orgánica y de supermanzanas.

Por influencia del arquitecto austriaco Herman Herrey, experto en planeación vial, se adoptó un sistema de circuitos dinámicos y curvos sin cruceros.

A la par del desarrollo urbano, inició el diseño de las Torres de Satélite, cinco estructuras a cargo del escultor Mathias Goeritz y del arquitecto Luis Barragán, inauguradas en marzo de 1958.

Pero hacia 1962, el entonces gobernador mexiquense, Gustavo Baz, bloqueó el proyecto original.

Los terrenos circundantes, que en el plan original se dejarían inhabitados, se empezaron a fraccionar y a vender. Consecuencia: aumentó la población y disminuyó la capacidad vial.

Ahora, la invasión de Ciudad Satélite podría llegar al límite: la construcción de una vialidad elevada en paralelo sobre el Anillo Periférico impediría ver las emblemáticas torres en su totalidad.

18 de Mayo de 2010
¿Todos somos ‘aliens’?

Foto: Getty Images

Adrián Ledezma

Cuando lees la palabra alien, ¿a qué te suena? ¿A la película con ese nombre? ¿A personajes como E.T. o Alf? ¿O a un inmigrante?

En Estados Unidos ese término se ha convertido en sinónimo de inmigración ilegal, lo que, por la connotación con la palabra extraterrestre, crea polémica.

En realidad alien no es equivalente a extraterrestre. El diccionario Merriam-Webster define la palabra alien como la pertenencia o relación con otra persona, lugar, cosa, país o gobierno. También puede ser algo (o alguien) que difiera en naturaleza o carácter hasta el punto de ser incompatible.

Por ello el término oficial para los inmigrantes indocumentados en Estados Unidos es illegal aliens porque, contra la ley, pertenecen a ese país.

El uso de ese par de palabras no tiene el objetivo de generar conflicto, pero los que no saben su verdadero significado las usan y entienden como discriminatorias o racistas (lo que deriva de la influencia de la cultura popular).

La actual situación que vive el estado de Arizona ha hecho que el tema sea discutido una vez más por los gobernantes de Estados Unidos. Por un lado es positivo: de esa manera se podría resolver un asunto que a largo plazo bien puede traer beneficios tanto a los inmigrantes como al país. Pero el riesgo es que mientras eso sucede, illegal alien también adopte la connotación de criminal o delincuente.

Por otro lado, si todos los humanos somos diferentes y alien es todo aquel que difiere en naturaleza o carácter hasta ser incompatible, entonces, ¿será que todos somos aliens?

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23 de Marzo de 2010
El pilar acuático

Foto: Getty Images

Mauricio Torres

Un mundo acuático en mitad de la ciudad.

En el lobby del hotel SAS Radisson de Berlín, Alemania, se alza una construcción que tal vez habría maravillado al escritor francés Julio Verne, autor del libro Veinte mil leguas de viaje submarino.

El AquaDom, un acuario cilíndrico de 25 metros de altura y 11 de diámetro, contiene 900,000 litros de agua salada y alberga a aproximadamente 1,500 peces de 50 diferentes especies.

Construido por la compañía International Concept Management, con un costo de 12.8 millones de euros, e inaugurado en diciembre de 2003, el AquaDom es la pecera cilíndrica más grande del mundo.

De la limpieza de sus cristales y de la alimentación de los peces se encargan buzos que llaman la atención de los visitantes, más aún si son observados desde el elevador situado en medio de la torre.

Imponente, el AquaDom recuerda el afán humano de lanzarse a la conquista de las aguas, ya sea surcándolas, soñando con ciudades submarinas o, en su defecto, trayendo la vida acuática hasta nuestras urbes de concreto.

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