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Mauricio Torres
Imaginemos un lenguaje con el que todos pudiéramos comunicarnos, entendernos, resolver nuestros conflictos y construir acuerdos. Ahora pensemos que ese vehículo de expresión está ya entre nosotros. Es más, lo conocemos tan bien que podemos ejercerlo de manera natural.
La Fundación Merry, con sede en Japón, defiende esa idea. Su lema es que “la sonrisa es un idioma universal”.
A través de proyectos artísticos como libros, videos, fotografías y sombrillas decoradas —como las de la imagen—, la organización se dedica a preguntar a la gente qué la hace feliz, es decir, qué la hace sonreír.
“Creemos que cada persona que participa con nosotros demuestra su interés por la Tierra a través de su sonrisa, y que su mensaje unirá a otros por encima de las fronteras globales”, señala la fundación en su página electrónica.
En un mundo repleto de barreras —geográficas, generacionales, socioeconómicas, ideológicas, políticas, culturales, lingüísticas—, destacan los esfuerzos por hacernos ver aquello que tenemos en común y, por tanto, nos une.
Las diferencias son positivas pues nos definen, nos brindan identidad, nos hacen únicos. Sin embargo, cuando son llevadas al extremo nos separan, nos impiden conocer al otro, entenderlo, convivir con él.
Ante esos límites que nos dividen y a veces nos confrontan, mucho podemos aprender de aquello que compartimos. Aun si se trata de un gesto tan básico como la capacidad de sonreír.



