

Fotos: Getty Images
Cuando Mosha tenía siete meses, pisó una mina que al explotar destrozó su pata delantera derecha. Vivía entonces en Myanmar, en el sudeste asiático.
Han pasado tres años desde aquel incidente y ahora el paquidermo vive protegido en un hospital de elefantes de Tailandia.
El hospital del FAE (Friends of the Asian Elephant) fue fundado en 1993 para ayudar a animales que, como Mosha, son víctimas de la actividad humana en su hábitat.
Así, con la ayuda de los trabajadores del lugar y del doctor Therdchai Jivacate, Mosha recupera su habilidad para caminar, jugar y llevar una vida de elefante plena… con una prótesis.
El elefante usa la prótesis durante el día y al dormir se la quitan. Por la mañana, cuando ve que se acercan a colocársela, se levanta y facilita el trabajo de los cuidadores.
La actividad humana afecta también la vida de otras especies. En el caso de Mosha, fue un conflicto armado lo que ocasionó que perdiera su extremidad. Pero hay miles de especies que no tienen la misma suerte y mueren por situaciones lamentables como un derrame de petróleo o una deforestación.
Afortunadamente para Mosha las cosas pintaron diferente. Y si algo se debe tomar de esta historia es que los animales, así como los humanos, tenemos ganas de vivir, aunque para ello dependamos de un pie artificial.