
Foto e información: EFE
En su intento por encontrar la tumba de Cleopatra y de Marco Antonio, a 50 kilómetros al oeste de Alejandría, arqueólogos egipcios descubrieron un fragmento de piedra tallada con el nombre del rey egipcio Ptolomeo IV.
El equipo de investigadores también halló una estatua de gran tamaño que representa a Ptolomeo IV, y una tumba que contenía halcones momificados con las cabezas dirigidas hacia un templo, lo que indica, según los expertos, que hay un rey enterrado dentro del edificio.
Han pasado casi 2,000 mil años desde que la era faraónica terminó y, sin embargo, los arqueólogos no acaban de descubrir los vestigios de una cultura que influyó en el desarrollo de las sociedades antiguas y modernas. Los avances en el estudio de la astronomía, el arte, las matemáticas y la agricultura son algunos de los aspectos que otras civilizaciones tomaron de ellos y que han llegado hasta nuestros tiempos.
La persona que talló este pedazo de piedra probablemente no imaginó que cientos de años después su trabajo manual sería considerado como una pieza de gran valor para la humanidad y la historia. A través de hallazgos como éste es que podemos entender más a fondo el funcionamiento de una cultura tan majestuosa tanto por sus construcciones como por su organización política y social.
Cuando observamos con detenimiento esta foto seguramente nos preguntaremos: ¿Cuál será el trozo de historia que dejaremos a nuestros descendientes? ¿Una laptop? ¿Una hoja de papel con texto impreso? Una idea para reflexionar acerca de cómo queremos que la sociedad en la que vivimos sea recordada.
Quizá nos gustaría que ese fragmento, esa huella que dejemos a nuestro paso, sea vista en cientos de años con la misma admiración con la que hoy vemos un tesoro histórico en piedra del siglo III antes de Cristo.