
Foto: Cuartoscuro
Adrián Ledezma
Desde la llegada de los Aztecas al valle de México, el Cerro del Chapulín se convirtió en una pieza importante de la entonces ciudad de Tenochtitlán, y con el paso de los siglos, del Distrito Federal.
Sus manantiales fueron una de las fuentes de agua dulce para los Mexicas. Y sus alrededores, los jardines de Poeta Rey Nezahualcóyotl.
Después de la llegada de los españoles y tras la caída del imperio Azteca, Hernán Cortés hizo de Chapultepec parte de sus bienes y más tarde, por órdenes de la Corona se convirtió en un parque público.
En el siglo XVIII comenzó la construcción de una casa de campo para los virreyes en la punta del cerro de Chapultepec, pero con el inicio de la guerra de Independencia fue abandonado y años después quedó transformado en un colegio militar.
En él vivieron los Niños Héroes, el segundo emperador de México, Maximiliano y su esposa Carlota, y los presidentes de México: Porfirio Díaz, Francisco I. Madero, Venustiano Carranza, Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo Rodríguez.
El castillo fue la residencia oficial hasta que Lázaro Cárdenas lo convirtió en el Museo Nacional de Historia, título que conserva hasta nuestros días.
Ha cambiado la sociedad, la moda y el estilo de vida de los mexicanos, pero Chapultepec no pierde el verde de los ahuehuetes sembrados por los Mexicas, no deja de ser un centro de recreación y el lugar donde las familias conviven con la naturaleza, la historia, el arte y la diversión.