
Foto: Cuartoscuro
Jennifer Juárez
El voyeurismo es disfrutar de la contemplación de actitudes íntimas o eróticas de otras personas, de acuerdo con la Real Academia de la Lengua Española.
Sin embargo, el punto de vista voyeurista en la fotografía se aplica, ya no solamente a la imagen obtenida furtivamente, sino también para otorgar una perspectiva distinta de un hecho.
La fotografía en general, escribió Susan Söntag en un ensayo, “como el voyeurismo sexual, es una manera de alentar, al menos tácitamente, a menudo explícitamente, la continuación de lo que esté ocurriendo. Hacer una fotografía es tener interés en las cosas tal como están, en un statu quo inmutable (al menos por el tiempo que se tarda en conseguir una “buena” imagen), ser cómplice de todo lo que vuelva interesante algo, digno de fotografiarse”.
En el caso de esta fotografía, el detalle arquitectónico del trébol se convierte en un filtro que, sin cambiar el significado de la escena, logra una llamativa composición y cumple un fin meramente estético.
Y aunque no se trate de un hecho con connotaciones “íntimas o eróticas”, el punto de vista del voyeur que mira a través de una rendija nos hace preguntarnos: ¿Qué más pasaba ahí dentro?
De esta forma, el fotógrafo aprovecha un evento oficial -el traslado de los restos óseos de la gesta insurgente de 1810 desde el Museo Nacional de Historia Castillo de Chapultepec hasta Palacio Nacional-, para producir una imagen rica en simetría y contrastes, donde luce cada uno de los elementos; desde la herrería del ‘marco’ hasta los uniformes de la guardia, las columnas y los pisos del edificio.
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