Tuve la desafortunada oportunidad de conocer algunos de los testimonios recabados por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos a lo largo de seis meses, sobre el creciente delito del secuestro contra inmigrantes centroamericanos.
Desafortunada porque, lo que ahí se narra, es el infierno. Hombres, mujeres, jóvenes, menores de edad, son secuestrados en grupos por la delincuencia organizada (Zetas, Maras y policías municipales y federales) y llevados a casas de seguridad. En su cautiverio son violados, torturados y esclavizados, ya que hacen todo tipo de labores para sus secuestradores.
La mayoría de las víctimas son hondureños (67 por ciento) seguidos por salvadoreños y guatemaltecos. Al escuchar sus testimonios no es difícil entender por qué existe en esos países un resentimiento hacia los mexicanos en varios grupos sociales. Sobre todo porque existe evidencia suficiente para concluir que autoridades y delincuentes están coludidos para realizar estos secuestros.
En promedio, según la comisión, por cada persona secuestrada los delincuentes obtienen 2,500 dólares. Durante en el tiempo en que se hizo la investigación se tuvo conocimiento de al menos 9,578 secuestros de inmigrantes, la mayoría en Veracruz y en Tabasco. Son 25 millones de dólares de ganancia que son obtenidos de la gente más pobre del continente.
Seguimos preocupados, y con razón, sobre el trato a nuestros connacionales en la frontera norte. Pero si no volteamos al sur y exigimos que las autoridades actúen de inmediato para controlar esta situación, poca calidad moral tendremos como sociedad para pedir un trato más humano para nuestros migrantes.
¿Cuál es tu perspectiva sobre este tema?
